5.5.09

"STOLEN CHILD" William Butler Yeats (1889)

Where dips the rocky highland 
Of sleuth wood in the lake 
There lies a leafy island 
Where flapping herons wake 
The drowsy water rats 
There we've hid our fairy vats
Full of berries 
And of reddest stolen cherries.

Come away oh human child 
To the waters and the wild 
With a faery hand in hand 
For the world's more  full of weeping 
Than you can understand 

Where the wave of moonlight glosses 
The dim grey sands with light 
By far off furthest Rosses 
We foot it all the night 
Weaving olden dances 
Mingling hands 
and mingling glances 
Till the moon has taken flight
To and fro we leap 
And chase the frothy bubbles
Whilst the world is full of troubles 
And is anxious in its sleep. 

Where the wandering water gushes
 From the hills above glen car 
In pools among the rushes 
That scarce could bathe a star 
We seek for slumbering trout 
And whispering in their ears 
Give them unquiet dreams 
Leaning softly out 
From ferns that drop their tears 
Over the young streams 

Away with us he's going
 The solemned eyed 
He'll hear no more the lowing 
Of the calves on the warm hillside 
Or the kettle on the hob 
Sing peace unto his breast 
Or see the brown mice bob 
Round and round the oatmeal chest. 

For he comes, the human child 
To the waters and the wild 
With a faery hand in hand 
For the world's more full of weeping 
Than you can understand.

Donde se zambullen las montañas rocosas
Del Bosque de Sleuth en el lago,
Hay una boscosa isla
Donde las garzas al aletear despiertan
A las soñolientas ratas de agua:
Allí hemos ocultado nuestras tinajas encantadas,
Llenas de bayas
Y de las más rojas cerezas robadas .

¡Márchate, oh niño humano!
A las aguas y lo salvaje
con un hada, de la mano,
pues hay en el mundo más llanto
del que puedes comprender.

Donde la ola del luz lunar alumbra
Las oscuras arenas grises con su brillo,
Más lejos que en el lejano Rosses
Nosotros caminamos por ellas toda la noche,
Tejiendo viejas danzas,
Juntando las manos
y juntando las miradas
Hasta que la luna emprende el vuelo;
Saltamos de un lado a otro
Y cazamos las burbujas de la espuma,
Mientras el mundo está lleno de problemas
Y duerme con ansiedad.

Donde el agua errante cae
Desde los cerros a Glen-Car,
En lagunas entre los rápidos
Que casi podrían bañar una estrella,
Buscamos las truchas que dormitan
Y susurrando en sus oídos
Les damos sueños inquietos;
Inclinándonos con suavidad
Desde los helechos que lloran
Sobre los jóvenes arroyos.

Con nosotros se marcha
El de mirada solemne:
Ya no oirá el mugido
De los terneros en la cálida colina
O a la tetera en la cocina
Cantar paz para su pecho,
Ni verá el cuello pardo de los ratones
Alrededor del cajón de la harina de avena.

Pues se viene, el niño humano,
A las aguas y lo salvaje
Con un hada, de la mano,
Desde un mundo con más llanto
del que puede entender.
"El joven Yeats vivió en el país de las hadas. Los protagonistas de sus narraciones y poemas siempre abandonan el mundo real por el mundo de Sidhe. La realidad es un lugar insatisfactorio y triste... Los mortales que se refugian en el país de las hadas hallan amor y risa sempiternos: bailan sobre el césped al crepúsculo, al son de una música extraña” Edmund Wilson
Efectivamente, William Butler Yeats (1865-1939 ) vivió a caballo entre el mundo real y el paisaje onírico de su Irlanda natal. Esa “música extraña” que menciona Wilson recorre toda su producción literaria como una ráfaga sutil. Nacido a las afueras de Dublín, fue criado en el brumoso condado de Sligo, uno de los corazones de la mitología celta pre-cristiana. Era imposible que un joven con la sensibilidad de Yeats no quedara influenciado de por vida por aquellas leyendas de hadas, duendes y silfos, un auténtico elenco de criaturas fantásticas que los campesinos apodaban cariñosamente como “la gente pequeña” o “el buen pueblo”. Yeats recopiló sus historias en multitud de obras como Fairy and Folk of the Irish Peasantry (1888), The Celtic Twilight (1893), o The Wanderings of Oisin and other Poems (1889), al que pertenece nuestro poema "Stolen Child", el "Niño Robado"

Sin embargo la historia de estas criaturas féericas tan luminosas está paradójicamente plagada de sombras. Hay una oscura tradición irlandesa (también muy frecuente en Rusia, Escandinavia, norte de España y muchos países de Centroeuropa) que revela la faceta más sombría de las hadas: se trata de las leyendas de "Los Secuestrados", "Los Robados", o cómo son más frecuentemente conocidos "Los Cambiados" (“The Changeling”). Asustadas por la lenta extinción de la raza féerica, las hadas ansían la vitalidad y la fecundidad de los mortales, y en su deseo de perpetuar la especie, recurren al secuestro de niños y muchachos humanos. Resultaban especialmente atractivos los bebés que estaban todavía sin bautizar ya que carecían de un nombre que lo atase al mundo real. Estos bebés tampoco contaban con protección divina sobre su cabeza, por lo que eran especialmente vulnerables. Una antigua nana irlandesa (traducida del gaélico) dice así:

"The Changeling" Arthur Rackham, 1905
En la cima del Sidh 
hay blancas hadas
que juegan bajo la tierna luz 
de la luna de primavera.

Ahí vienen a llamar a mi niño
Con el deseo de seducirle 
y llevarle a su castillo. 

Ushó, mi niño, 
Ushó querido
Usho, mi niño, 
no te irás con ellas, no. 

Gracias a la permanencia de la mitología celta sabemos que la historia del pueblo feérico es una triste historia de decadencia. Cuentan que en un principio, mucho antes de que la Inglaterra victoriana los trasformara en seres diminutos con alas de mariposa, estas criaturas llevaban el orgulloso nombre de Tuatha de Dannan. Los Tuatha fueron una raza divina de seres más sabios, más bellos y mucho más poderosos que los humanos, hábiles con la espada y versados en magia. Estas criaturas sirvieron de inspiración al escritor J.R.R.Tolkien para la creación de sus célebres elfos de la Tierra Media. Más tarde las invasiones gaélicas los empujaron al reino subterráneo de Sidhe, y paulatinamente ambas razas (humana y éfica, o feérica) fueron distanciándose, hasta que estos últimos han quedado convertidos tradicionalmente en lo que son: pequeñas criaturas que pueblan los cuentos infantiles.

"The Riders of the Sidhe" John Duncan, 1911
Curiosamente las diminutas hadas han heredado de sus gloriosos  antepasados una cualidad que Yeats convertirá en sello distintivo de su producción literaria: la relación estrecha e indisoluble con la naturaleza. Tanto los Tuatha como los Sidhe estaban asociados con divinidades ctónicas o del subsuelo, e incuso tenían poder sobre el clima, los animales y la agricultura, con todo lo que ello implica. Los poemas de Yeats recorren por lo tanto praderas, bosques y manantiales saturados de criaturas mágicas, un paisaje idealizado y lleno de simbolismo que el pintor prerafaelita Ford Madox Brown describió como “territorios de niebla en cuyas claridades brillan, aquí y allá, una joya, una copa verde o una pluma de búho blanco”. La naturaleza aparece representada como las puertas del mundo feérico, donde todo es felicidad y no hay cabida para el dolor ni las preocupaciones cotidianas. Y es que en “The Stolen Child” Yeats nos transmite su añoranza por aquellos años infantiles en Sligo, que le permitían evadirse de la realidad y entrar en lo que los irlandeses todavía siguen llamando Tir Na Og, el Otro Mundo.

¡Márchate, oh niño humano!
A las aguas y lo salvaje
con un hada, de la mano,
pues hay en el mundo más llanto
del que puedes comprender.

4 comentarios:

  1. Bueno, si que dejan escribir comentarios :-)
    Felicidades por la página, esta bastante currada, se lo voy a comentar a gente que conozco que les gusta Loreenna, van a flipar.
    ¡¡Sigue así!!
    Salud.
    Handir

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  2. A pesar del ardor del verano, me acaba usted de transportar al frescor elegante y delicado de una mañana de otoño tapizada de hojas. Su fiel seguidor:
    Belisario.

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  3. Gracias a los dos :)

    -Haldir: Nos vemos en los bares, jejeje...
    -Belisario: es el comentario mas bonito que me han pueso nunca en intenet, GRACIAS MIL :)

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  4. Enhorabuena por la página, Nenya. Es genial. Para los amantes de lo celta, el medievo y los cuentos de hadas, buscadores incansables de los rincones olvidados de los monasterios en ruinas, que se emocionan con el gregoriano y son fieles seguidores de Loreena, de Enya o Connie Dover, enamorados de la pintura prerrafaelita, y que leen a San Juan de la Cruz, esta página es un feliz descubrimiento. Animo, y amplíala. Es una gozada.

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